La foto más bonita del mundo

12 de julio de 2.009



Supongo que se puede discutir mucho sobre el tema, pero cuando he visto todas las tomas que recogí el domingo por la tarde tan solo unas horas después del nacimiento de mi sobrina Teresa, he comprendido cuál es la foto más bella del mundo.



El que esté leyendo esto discrepará seguramente, pero yo no me refería precisamente a esta foto, sino a la que evoca lo bello. Lo más bello.


La naturaleza es el objetivo de millones de imágenes, en otras son los retratos, o esos encuadres en los que con cariño hemos reunido a varios amigos y/o familiares en momentos especiales... Imposible estar más equivocado.



Seguramente, a lo largo de mi vida conseguiré muchas veces la foto más bella del mundo, pero de todas las que he hecho hasta el momento, pasando con descaro por encima de reglas y decálogos de la técnica fotográfica, la imagen que hoy comparto está entre mis preferidas. Cuestión de perspectivas.



Sólo el hecho de contemplar esta estampa me viene a la cabeza la grandeza de esos momentos en que una mujer da a luz a un hijo después de cuidar de él durante nueve meses dentro de sí misma, de amamantarlo, de quererlo; la sombra protectora que ofrece un padre al acunarlo, al cogerlo en sus brazos; el nervioso cosquilleo de abuelos y tíos al ver que ha salido todo bien, y que el alumbramiento ha aumentado la familia de la mejor forma posible; la alegría exacerbada de los amigos de los padres, de sus familiares; el alivio general por la salud de los protagonistas...



La foto más bella del mundo es la que recoge reverberaciones de algo sublimemente bello. Sí, bello. Reiterativo pero bello. Y a mí me ha dado hoy por eso. Estaré más sensible que de costumbre porque me toca, y porque me tocará en poco menos de tres meses pero áun más de cerca, y porque por momentos he visto como veré todo esto, y cómo me veré en todo esto. ¿Cabe ahora discusión?



Enhorabuena a los tres.

Autorretrato 1

Sin complejos... y sin afeitar.

He leído en la última entrada del blog de Strobist que es muy típico que el fotógrafo tenga retratos recientes de todo el mundo, menos de sí mismo; por eso me puse. Cuidé especialmente la iluminación. Ésta se basó en una bombilla de 40 W, en un lámpara de esas que terminan en una pinza para poder colgar de cualquier sitio (una olla exprés, para ser exactos).

Insomnio

Aunque simbólicamente el nombre de la foto sea acertado dada la composición, por lo que la hice no es porque me costara trabajo dormir, sino que por el aburrimiento de estar el día entero sentado y con el pie en alto cogí este libro de Millás y me lo leí en un día. La vela sobra para explicarlo, pero el encanto de la noche me sedujo demasiado. Espero que la próxima foto que se publique ya pueda ser actual, y del exterior.