El camaleón, y un humilde consejo

Cambiamos de tercio y dejamos las pedradas de la vida de un lado para sonreír, o al menos para recordar cosas bonitas. A fin de cuentas una de las virtudes de la fotografía es precisamente el poder de transportarte con concisión a vivencias, introducirte en los recuerdos y ayudarnos a revivir las experiencias.

Buenos días, le dije yo mientras armaba la cámara y consideraba la distancia de la perra, que es la que me arruina las fotos (risas). Me acerqué con sigilo pero parecí ser feísimo para él (o ella), que tras una primera foto se negó a atender mis intenciones fotográficas. A mí me bastaba con verlo, pero uno no pasea con las primeras luces del día con una cámara por gusto; lo intentaría.
Emprendida la huida, seguía receloso reojeando todos los ángulos de su omnipotente visión. Siempre se ha dicho que una retirada a tiempo es una victoria, pero es que yo no era un enemigo! Además, si se mimetiza con una aulaga la intención de cogerle sale cara, pues es un arbusto que pincha, pincha y pincha.
Creyóse olvidado, pero era muy bonita la ocasión, y aunque yo sabía bien que las fotos serían una ruina, de verlo ya gozaba. Además, disfruté de la suerte de verle la siguiente mañana, en un arbusto contiguo. Pensé que cada mañana le daría los buenos días, pero ya se cansó de ver tan temprano una cara tan fea.

Éstas han sido mi segunda vez que he visto en libertad un camaleón. La primera vez estaba negro casi totalmente, síntoma de que está muy enfermo. Lo encontré en los servicios de un colegio opusino, cuando se supone que debía estar recibiendo los sagrados sacramentos. Era una opción del alumno salir media hora antes de la clase de religión para ir a misa los miércoles por la mañana, de modo que yo accedía libremente para, con un ágil regate eucarístico, quedarme rezagado a mitad de camino en los baños, donde me hinchaba a beber agua hasta que la inquisitiva supervisión del profesorado se hubera diluido. Supuse que la enfermedad del susodicho residía en que era ateo, y lo coloqué en un árbol frutal de la casa de un amigo, alejado de la sacristía. El camaleónido disfrutó de mi total misericordia a la vez que la pandilla de quinceañeros comprobábamos su progresiva recuperación. ¿Son los caminos del Señor inescrutables?


En cualquier caso, pese a la buena voluntad de entonces, si me pilla un agente del Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil (SEPRONA), me habría caído una multa de entre 6.000 y 30.000 euros según la Ley de Conservación de Naturaleza (Capítulo II). Mi consejo, si veis uno en peligro, que aviséis a la Guardia Civil (062) o a la coordinadora de emergencias (112). Si os descuelga el teléfono alguien sensato os dará instrucciones sobre qué hacer, si es que no se plantan dos agentes motorizados en pocos minutos a concluir la operación de rescate.

No sé si os habré sacado la sonrisa, pero yo me he sentido bien repasando estas fotos.

Buen fin de semana.

4 comentarios:

Jan Puerta dijo...

Espero que ese estado de animo "atrapado por las circunstancias" vaya mejorando, aunque sea poco a poco.
Los camaleones son lentos, pero ahí están mirando hacia todos los lados buscando que mejor visión es para sus propias retinas.
¡Animo!
Estoy lejos y no se si puedo hacer más que esto. Pero, dímelo.
Un abrazo

Juan Carlos dijo...

Bueno a pesar de tanta planta entre medias has conseguido fotografiarle muy bien.

Un abrazo.

Ángel dijo...

Pus me gusta Andrés, además me has dado de lleno, el camaleón me resulta un animal bello y grato de observar. La serie my buena y la historia hace los honores.
Espero que los ánimos anden en alza.
Abrazos

ercanito dijo...

Una de las fotos está repetida. Supongo que será por subir entradas con varias fotos, así que una se ha quedado en el tintero.

Jan, las visitas a este patio ya son ayuda suficiente. Muchas gracias.

Juan Carlos, mejorar esto no es fácil. La aulaga se me clavaba en los brazos a medida que reducía la distancia y apartaba otras ramitas. Nos son buenas, pero me lo pasé en grande.

Ángel, yo también pienso que el camaleón es digno de mirar. Un abrazo.